Cuando las palabras dejan de informar y empiezan a manipular
Vivimos rodeados de discursos.
Políticos, influencers, empresarios, medios, campañas… todos hablan. Pero no todo discurso busca comunicar; Muchos buscan dirigir emociones, moldear opiniones o fabricar enemigos.
La trampa no siempre está en la mentira.
A veces está en cómo se cuenta la verdad.
El enemigo perfecto
Muchos discursos necesitan crear un “culpable”.
Puede ser un partido político, una generación, la prensa, los inmigrantes, “los ricos”, “los pobres” o cualquier grupo fácil de señalar.
Cuando aparece un enemigo claro, el mensaje se vuelve más emocional y menos racional.
“Si ellos tienen la culpa, entonces nosotros somos los buenos”.

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